viernes, 8 de febrero de 2008

Carta a Clarissa

Mi querida muñeca,

Llevas en tus venas sangre de cuatro apellidos: Vizcarrondo, Azpúrua, Morillo y Sosa. De los cuatro abundan las historias y anécdotas. Como yo soy una de tus tía abuelas Morillo, me toca, si me lo permites, hablarte de ese pedazo de tus raíces.

Tu bisabuelo "Abito" - Pancho Morillo, que está pastoreando nubes junto con tu Tío Abuelo Carlos - nació en un villorrio en Zulia llamado La Cañada. En ese pueblecillo sólo había una escuela, de techo de palma, piso de tierra, y un pizarrón que había venido desde Maracaibo a bordo de una piragua. Abito iba todos los días a recibir clases de su adorada maestra, provisto de un taburete (la escuela no tenía pupitres), 2 lápices (con punta) y un cuadernillo. Ah, y un montón de deseos de saberlo todo. Abito aprendió en esa escuelita de pueblo todo lo que la maestra sabía. Cuando ya de ella no podía aprender más, su mamá (Doña Mercedes, mi abuela) le dijo a su marido (Don Francisco, mi abuelo): "Me voy a Maracaibo; Panchito tiene mucho que aprender".

Abito ingresó primero en la Escuela Superior de Varones, y luego en el colegio de los Maristas. Se graduó de bachiller. Padres y tíos henchidos de honra. El mejor estudiante del Estado Zulia. Así constaba en los reportes. Con el título bajo el brazo y una maleta de ambiciones, sueños y proyectos, a Mérida, a la Universidad de Los Andes. A hacerse Abogado y Doctor en Ciencias Políticas. A los 20 años, a mitad de la carrera y con 20 de promedio, muere Don Francisco. Abito tiene que abandonar los estudios por un año para ocuparse de la finca y de su madre viuda. En esas "vacaciones" se enamoró de Abi, tu bisabuela.

Volvió a la Universidad. Abi y Doña Mercedes estaban ahí cuando le otorgaron ambos títulos, esta vez con el mejor promedio del país. En sus ratos libres, autodidacta, aprendió inglés y francés. Dominaba a la perfección el latín. Y compraba manuales y publicaciones de ganadería, agricultura, mecánica, electricidad.

La carrera y trayectoria profesional y humana de Abito ya te la contarán. Lo que quizás no te dirán es alguna que otra curiosidad. Abito leyó, dos veces, la totalidad de la Enciclopedia Británica. Todos los días leía 35 páginas de un libro antes de la siesta, y 35 páginas de otro libro antes de dormir en la noche. Y tres páginas del Diccionario de la Real Academia Española. Leyó todos los clásicos, de todas las épocas. Era, como él mismo lo decía, un adicto al conocimiento. Fue estricto con sus hijos. Nos librara Dios y la Virgen de presentarnos con una calificación menor a 18. Un 16 en Matemáticas me costó 3 meses de castigo. Recio y exigente, no había lujos ("se me ponen mangasmeás") ni espacio a fruslerías. Había sí libros, el que fuera necesario. ¿Juguetes? ¿Qué mejor juguete que soñar con las andanzas de Alejandro Magno, recitar el poema del Mío Cid, o descubrir que se puede montar el “Sueño de una noche de verano de Shakespeare”? ¿Qué mayor diversión que montar a caballo, o estar entre terneritos, o tratar de ordeñar las amorosas ubres de una preciosa vaca? ¿Qué mayor placer que levantar la vista hacia los árboles y ver el pasillanear de una iguana, o echarse en un pozo a chapotear? Con Abito y Abi recorrimos el país, lo saboreamos, aprendimos a amarlo y a decirle “Patria”.

Clarissa, tú y todos nuestros descendientes son niños privilegiados, no sólo porque en esta familia dejaremos de lado cualquier cosa que haya o se desee para lograr que ustedes tengan una buena educación, sino porque en esta familia la Educación es un valor, un principio, un fin, una manera de ser, no sólo una vía para el éxito... En esta familia se le rinde pleitesía al saber. No se espera de ustedes menos de lo que fue una exigencia para nosotros: la próxima generación tiene que superarnos, saber más, ser más cultivada, más instruida, más educada que nosotros.

Tienen ustedes la obligación ineludible de ser mejores que sus antecesores. Tienen el deber de ser absolutamente honrados en su proceder y honestos en su discurrir. No se les permite la flojera ni la pereza. No tienen ustedes excusa. Deberán retornar con creces a la sociedad en progreso y desarrollo lo que la sociedad les ha brindado como oportunidad. Pueden escoger cualquier carrera, la de su preferencia y gusto, pero tiene que haber afán, dedicación, tesón, esfuerzo. Y con la gente, solidaridad, toneladas de solidaridad. Deben practicar la bondad con sus semejantes y la reciedumbre de carácter. Ambas les permitirán ver el horizonte más allá de nubarrones y chubascos. Deberán ser generosos y magnánimos, y ayudar a sus compañeros y amigos. En la vida tener las manos cerradas es un ejercicio de soberbia. En cambio, dar y compartir nutre el alma.

Tendrán libros, siempre habrá libros. Deberán cuidar los libros de texto pues deben estar impecables para el próximo joven que los use. Se les proporcionará un mínimo de comodidades, sin exageración. Al final del camino deberán ser profesionales de alta estima y valía para el país, para su familia y para su sociedad. Se espera que ustedes tengan alta conciencia democrática, ser liberales y progresistas en el pensamiento y abiertos a las nuevas ideas. No permitan que nadie les imponga criterios a ultranza. Huyan de los fanatismos y sectarismos. No acepten que les cercenen la libertad intelectual con rigores estrechos. Y no se conformen con el quehacer mediocre, y menos con el pensar a medias. Pregunten todos los días “¿por qué?” y no acepten un lastimero "no sé". "No sé" es la triste respuesta de quien no sabe pero que no quiere saber. Piensen en grande, tengan sueños grandes, y no se dejen amilanar por los escollos que encuentren en su transitar. No se dejen aplastar por la mediocridad, pues ella es la madre de la pobreza intelectual y espiritual, que es la mayor esclavitud. Sean ustedes mismos, no viles copias. No permitan a nadie pisotear sus ilusiones. Trabajen duro y disfruten el regalo de la vida. Sean buenos y miren al mundo con ojos de ilusión. La vida es un camino, no un destino. Si ustedes no logran esto, habrán fracasado. Y habremos fracasado nosotros, los padres, los tíos, los abuelos, los tíos abuelos. Y yo no quiero que fracasen.

Estoy segura que entre los Vizcarrondo, los Azpúrua y los Sosa hay también muchas historias buenas, sabrosas, amorosas. Todos somos historia de Venezuela, somos venezolanos, hijos de una tierra donde se arrulla a los niños con el himno nacional. Pide que te cuenten esas historias, esos cuentos, esas anécdotas. Pide que te cuenten sobre las tradiciones y las luchas. Es importante conocer de dónde venimos.
Mi querida niña, cuando tú naciste el futuro se nos vistió de alegría. Tu nombre significa “Que es de sentimientos limpios y puros, que es claridad”. Sé claridad de tu casa y también de tu calle, de tu familia, de tu país y de este planeta que Dios nos dio y que necesita mucha luz para convertirse en un mundo un poquito mejor.

Yo siempre estaré cerquita de tu corazón.

¡Dios te bendiga!

La tía Sol

5 comentarios:

Amma dijo...

No suelo poner en letras, lo que pienso. Siempre he dicho, que Dios no me concedio el don de la palabra, pero si el de reconocerlo en otras personas.
Hoy estaba preparando para mañana uno de los postres mas tipicos de mi amada Venezuela, El Bienmesabe, y me tropese con una de esas personas, agraciadas con ese don, Soledad Morillo.
Por Dios, como he disfrutado, con su Carta a Clarisa. Esta plagada, no solo de amor a su familia, sino a la vida, a sus raices.
Es el manifiesto de vida mas hermoso que he leido.
Y lo reconosco, he quedado enganchada en la lectura de tan maravilloso blog.
Gracias Soledad, no he tenido y estoy segura que no tendre el pracer de conocerte personalmente, pero apesar de ello, atravez de escritos, no solo te estoy conociendo, sino que tambien, estoy conociendo mejor a mi a mi amada Venezuela.

Adrián Cottin dijo...

Hola Sol, ¡Feliz día!
Me encantó leer esta carta a Clarissa. ¡Qué bella niña es! ¡Dios la bendiga!
Me sentí feliz por recordar cuánto quiero y admiro la memoria de mi tío Pancho, y cuánto influyó en mí, en mi gusto por las letras, por la lectura, los idiomas, el deseo de viajar y conocer Venezuela y el mundo, el pensamiento enciclopédico.
Mi tío me dio un dinero, cien bolos, por lustrarle los zapatos, en mi caja de limpiabotas, que sumé a mis ahorros y otros cobres que agregó mi papá, tu tío Armando, y con los cuales compré mi primera enciclopedia “Lo sé todo”, que marcó mi gusto por este tipo de lectura, que aún conservo.
Si era exigente y muy severo, no sólo con ustedes, y no me fue fácil comprender la manera como expresaba sus afectos. Su recuerdo es feliz de todas maneras, pues los ratos que pasé en su hacienda “la Gloria”, y en la casa de ustedes en Maracaibo, en Altamira y en la Lagunita, son recuerdos imborrables, y felices de infancia y adolescencia.
Considero a Clarissa privilegiada por nacer en el hogar que lo hace, y porque de seguro tendrá una mano generosa para guiarla hacia la bondad y el amor.
Le mostraré su foto a mis hijos, y les diré que tienen una bella pariente para que se alegren.
Los Cottín la acompañarán siempre, y ella tendrá siempre un libro a la mano, listo para que lo recoja cuando quiera. ¡Besos a la bella niña! Saludos a la familia.
Adrián Guillermo

Adrián Cottin dijo...

Hola Sol, ¡Feliz día!
Me encantó leer esta carta a Clarissa. ¡Qué bella niña es! ¡Dios la bendiga!
Me sentí feliz por recordar cuánto quiero y admiro la memoria de mi tío Pancho, y cuánto influyó en mí, en mi gusto por las letras, por la lectura, los idiomas, el deseo de viajar y conocer Venezuela y el mundo, el pensamiento enciclopédico.
Mi tío me dio un dinero, cien bolos, por lustrarle los zapatos, en mi caja de limpiabotas, que sumé a mis ahorros y otros cobres que agregó mi papá, tu tío Armando, y con los cuales compré mi primera enciclopedia “Lo sé todo”, que marcó mi gusto por este tipo de lectura, que aún conservo.
Si era exigente y muy severo, no sólo con ustedes, y no me fue fácil comprender la manera como expresaba sus afectos. Su recuerdo es feliz de todas maneras, pues los ratos que pasé en su hacienda “la Gloria”, y en la casa de ustedes en Maracaibo, en Altamira y en la Lagunita, son recuerdos imborrables, y felices de infancia y adolescencia.
Considero a Clarissa privilegiada por nacer en el hogar que lo hace, y porque de seguro tendrá una mano generosa para guiarla hacia la bondad y el amor.
Le mostraré su foto a mis hijos, y les diré que tienen una bella pariente para que se alegren.
Los Cottín la acompañarán siempre, y ella tendrá siempre un libro a la mano, listo para que lo recoja cuando quiera. ¡Besos a la bella niña! Saludos a la familia.
Adrián Guillermo

Anónimo dijo...

Hola Sol, ¡Feliz día!
Me encantó leer esta carta a Clarissa. ¡Qué bella niña es! ¡Dios la bendiga!
Me sentí feliz por recordar cuánto quiero y admiro la memoria de mi tío Pancho, y cuánto influyó en mí, en mi gusto por las letras, por la lectura, los idiomas, el deseo de viajar y conocer Venezuela y el mundo, el pensamiento enciclopédico.
Mi tío me dio un dinero, cien bolos, por lustrarle los zapatos, en mi caja de limpiabotas, que sumé a mis ahorros y otros cobres que agregó mi papá, tu tío Armando, y con los cuales compré mi primera enciclopedia “Lo sé todo”, que marcó mi gusto por este tipo de lectura, que aún conservo.
Si era exigente y muy severo, no sólo con ustedes, y no me fue fácil comprender la manera como expresaba sus afectos. Su recuerdo es feliz de todas maneras, pues los ratos que pasé en su hacienda “la Gloria”, y en la casa de ustedes en Maracaibo, en Altamira y en la Lagunita, son recuerdos imborrables, y felices de infancia y adolescencia.
Considero a Clarissa privilegiada por nacer en el hogar que lo hace, y porque de seguro tendrá una mano generosa para guiarla hacia la bondad y el amor.
Le mostraré su foto a mis hijos, y les diré que tienen una bella pariente para que se alegren.
Los Cottín la acompañarán siempre, y ella tendrá siempre un libro a la mano, listo para que lo recoja cuando quiera. ¡Besos a la bella niña! Saludos a la familia.
Adrián Guillermo

Yorko dijo...

Soledad, como siempre leerte es un deleite. Linda niña, y con esa tia abuela tiene asegurado el saber y el bien vivir.

José Manuel Arregui Aizpúrua (No Azpúrua).
Aitz: Roca
Purua (burua); cabeza
Aizpúrua o Azpúrua: Cabeza de Roca