jueves, 17 de mayo de 2012

Error en la estrategia

Iban bien. No ganando, pero sí con paso firme. Habían logrado posicionarse como una respuesta para la desiderata de las grandes masas. No la respuesta, pero sí una visión posible de las soluciones. Y entonces, metieron la pata. Era una perfecta desconocida. Más o menos bonita, más o menos agradable. Es decir, una de esas piezas que calzan en cualquier juego, un hermoso jarrón de porcelana. O al menos así lucía y así les pareció a los expertos. Quienes evaluaron la estrategia miraron el envoltorio, no el contenido del producto. Vieron los números de aceptación en su espacio de actuación política. Y sí, hablaron sobre los temas que podían prestarse a controversia: el aborto, el matrimonio entre homosexuales, la religión en el ámbito público escolar. No había cien por ciento de concordancia, pero con lo que tenían bastaba para buenas declaraciones y para nadar en el mar de preguntas comprometedoras. Buscaron modistas y estilistas. Perfeccionaron su caminar y sus modales. Le hicieron un impecable portafolio de fotos. E hicieron la presentación publica. El aplauso no se hizo esperar. Las encuestas, las que ordenaron ellos y las que hicieron otros, dijeron que la selección había sido la correcta, porque era una cara fresca en el escenario, una ansiada novedad en medio de tanto "más de lo mismo". Los estudios de opinión revelaron que aquella decisión podría cambiar totalmente el panorama electoral. Que la selección era como sacar un comodín del mazo de naipes cuando los contrincantes tienen buenas cartas. Se dieron por triunfadores. Sentían que habían hecho una jugada magistral. El desastre comenzó apenas unas semanas más tarde. Fue entonces cuando se percataron que esa persona que habían escogido y que la opinión pública había aplaudido a rabiar tenía en el cerebro tres cotufas y con suerte una sola estallaría, que no era más que mucho ruido y pocas nueces. Por sorprendente que parezca, nadie en ese equipo de genios había creído prudente y necesario hacerle un examen intelectual. No habían indagado sobre sus conocimientos en materia de políticas publicas, o de relaciones internacionales, o de economía y finanzas. La candidata ya anunciada era una ignorante vestida de marca. Y ellos, que habían creído que la podían entrenar, cayeron en cuenta que, además de rebelde, la señora tenía algunas tuercas flojas. Cuando quisieron arreglar el entuerto, ya era tarde, muy tarde. La candidata era una presumida bibelot, incapaz de procesar cualquier información inteligente y, además, negada a aceptar ayuda. Es decir, terca y necia. Buscaron la manera de irse por un reemplazo. Pero el costo político del retiro era enorme. Carecían de suficiente capital político para respaldar semejante anuncio. Intentaron guiarle los pasos, escribirle letra por letra los discursos para que los memorizara, hacerle guiones con preguntas y respuestas. Ni hacía caso ni le parecían relevantes aquellos temas. Y si había logrado sobrevivir en los pequeños mítines y en los encuentros controlados, se hizo añicos al enfrentarse a las entrevistas con periodistas avezados. Y con cada barbaridad que decía, sepultaba a la campaña. La prensa comenzó a cuestionarla y empezaron a inundarse las redes de burlas y chascarrillos. Es cierto que Barack Obama tenía todo para ganar. Encanto, sex-appeal, magnifica sonrisa, sensual voz, mirada cautivadora, porte impecable y muchas otras ventajas en su físico. Es cierto que McCain era un hombre que comparado con Obama lucía avejentado y pasado de moda. Pero ambos eran competidores inteligentes, con carrera política sólida, con prestigio, con profundos conocimientos sobre los temas fundamentales de una gran potencia mundial. La competencia entre ellos era de igual a igual. Sarah Palin, la para entonces gobernadora del estado de Alaska (que tiene apenas tres votos electorales), fue el error estratégico más catastrófico que pueda recordarse al menos en las últimas tres o cuatro décadas en la historia del Partido Republicano en Estados Unidos. Para ponerlo en palabras llanas, ella tenía más defectos que el para entonces muy desprestigiado Bush y ninguna de sus cualidades y destrezas. Comenzó a a esparcirse por todo Estados Unidos y más allá de las fronteras una chanza que decía que entre un alce y Sarah Palin había una igualdad y una diferencia, ambos eran de Alaska, pero el alce era muy inteligente y Sarah tenía bonito pelo. Si John McCain acaso tuvo oportunidad de triunfar en las elecciones de 2008, Sarah Palin con su notoria estupidez lo hundió, lo sepultó en lo más profundo de las cavernas de los gruesos errores políticos. Su selección para acompañar como Vicepesidente a McCain en ese concurso electoral fue la más acabada demostración de cuán imbécil puede ser un equipo de campaña. Pero si el error fue del equipo, la culpa y la responsabilidad fue de McCain. El era el candidato. El era quien debía haberse asegurado de la calidad de la decisión. El no ha debido dejarse llevar por los cantos de las encuestas, esas mismas que luego iban diciendo cuánto daño le hacía Palin a la campaña. Ellas, las encuestas, leyeron en lo efímero de la opinión en un momento dado. El candidato tiene que poder tener visión telescópica. Hoy McCain es un superviviente en el partido, un hombre a quien cada día le cuesta más liderar dentro de su organización. Ella, Sarah Palin, una arribista de marca mayor, sigue haciendo daño. Ahora forma parte del Tea Party, una facción del partido republicano. Afortunadamente, Mitt Romney, virtual candidato republicano en las elecciones del próximo noviembre, dista mucho de parecerse a esa facción y ha marcado distancia. Y seguramente, habiendo aprendido del error de su copartidario, no caerá en la torpeza de elegir un compañero o compañera de ticket tan fantoche como la Palin. La historia completa de este desaguisado - y por cierto muy bien contada- ha sido llevada al cine en una película de HBO titulada "Game change" (algo así como "Cambio de juego"). Es un film magnífico, sin un minuto de desperdicio. Los actores hacen un maravilloso trabajo y Julianne Moore está estupenda en el papel de Sarah Palin. Es toda una lección de política. La pasaron en HBO el domingo pasado, así que seguro la repetirán. O búsquela en las tiendas. Espero que sea vista con particular atención por los muchos que tienen aspiraciones de ser elegidos para importantes cargos y también por quienes tenemos la gigantesca e ineludible responsabilidad de elegir. Es indispensable que ambos, electores y aspirantes a ser elegidos, usemos el cerebro y el sentido común, que como bien sabemos es el menos común de los sentidos. En Venezuela abundan los enmascarados como la Palin. Están sentados en ambas aceras y han logrado colarse en los espacios de decisión. Saben aprovecharse de las circunstancias y son oportunistas de oficio. Triviales, irrelevantes, superficiales y magos de las emociones, pueden hacer un inmenso daño. La única manera de detectarlos es haciéndolos pasar por la gota fría de un severo escrutinio de conocimientos, valores y posiciones. De lo contrario, cuando vengamos a darnos cuenta, ya habrán hecho caída y mesa limpia. Sarah Palin, afortundamete para Estados Unidos y para el mundo, no es Vicepresidente de esa nación. Pero en algunos países personajes como Sarah Palin llegan a presidentes.

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