lunes, 3 de agosto de 2009

Por un “quítame esa pajita”

Un día de éstos, un mal día diría yo, las fanfarronadas de Chávez van a tener consecuencias francamente desastrosas. En muchas ocasiones, para detonarse un conflicto bélico basta un “quítame esa pajita” entre dos ilustres desconocidos.

Fiebre de 40
Nuevamente, por enésima vez, las relaciones con Colombia se ponen en estado de fiebre alta, al borde de un cataclismo. A Chávez le dio un severo ataque de caspa emocional originado por un compendio de asuntos. Está bravo porque los hondureños, es decir, unos “catrachos” osaron revirarle y apuntarle que son “soberanísimamente soberanos” y él no manda en Honduras. Para colmo, a él, que quería ser el héroe de la película, y que ya se veía a sí mismo entrando en Tegucigalpa triunfantemente acompañando al bigotón del sombrero de ala blanco, lo desplaza de la escena mediática un “tico” medio cegato, medio adeco y medio zoquete, que no alza la voz jamás, a quien el mundo entero le aplaude por su capacidad de arbitraje en conflictos.

A esto se suma que los incompetentes de la FARC lo meten en tamaño berenjenal chamuscado, cuando se dejan agarrar una computadora de la que salen todo tipo de marramuncias, que lo convierten a él y a su pana Rafael Correa en presuntos implicados en varios delitos severos y no pocas inmoralidades.

Los suecos
Y además parió la abuela. El ejército colombiano le pone las manos a un armamento que fue vendido por Suecia a Venezuela y que fue a tener a los angelitos guerrilleros de las FARC. Y los “vikingos”, de ojos rubios, de pelos rubios y de dientes rubios, llevan registros precisos y, ni cortos ni perezosos, reclaman explicaciones sobre cómo esas armas y esas municiones llegaron a manos de terroristas, violándose todos los compromisos contractuales estipulados en la operación de compra.

Guarimba
La cosa no se queda ahí nomás. Resulta que los “colombiches” hacen un acuerdo con los “gringos”, y las fuerzas que estaban en Ecuador las mudan pa’ la tierra de Nariño y Santander. Una guarimba militar, pues, y en la “mesma” patica de la frontera.

Relaciones en remojo
¿Reacción? Chávez explota como geiser del Yosemite y, con ese carácter sutil y elegante que lo distingue, con ese lenguaje de coloratura excepcional, manda a que la representación diplomática venezolana en Colombia recoja sus chécheres y se venga pa’ aca´, pa’ la tierra de la verdadera revolución, la tierra de los hombres de pelo en pecho, las verrugas explosivas y las boinas rojas. Tierra de hombres de verdad, no de “paisas” aniñados. Ordena también que se pongan en remojo todos los acuerdos comerciales y “estratégicos” suscritos con la hermana república (que imagino que en cualquier momento dejará de ser “hermana del alma” con quien nos unen “irrompibles lazos históricos”) y amenaza con que, si lo apuran mucho, lo que los colombianos tienen aquí, dentro de nuestros linderos, bueno, digamos que puede ser repensado el asunto de la propiedad. En su sulfurosa alocución sólo le faltó pedir que le pusieran un retrato de Uribe, pa’ escupirlo, lanzarle dardos envenenados con curare y espetarle un “patria-socialismo-o-muerte-venceremos”

Mucha gente dice que Uribe y Chávez se parecen mucho. Yo digo que Chávez tiene todos los defectos de Uribe y ninguna de sus cualidades. Uribe sabe gobernar, lo cual reconocen hasta quienes lo han enfrentado y competido con él, como Horacio Zerpa, por ejemplo, a quien en una entrevista le escuché decir que Uribe “es un estadista”. Chávez lleva ya más de diez años en la presidencia y el desastre de su gestión pasó de ser un secreto a voces a una lamentable realidad que ni que la maquillen con falsos numeritos del INE puede disimularse.

Imagino que así como pasa con los “gringos”, la sangre no llegará al río. Chávez vocifera contra Estados Unidos pero ese país es nuestro primer socio comercial. Y el mundo entero sabe que Chávez muere porque lo inviten a la Casa Blanca, así sea a tomarse un café en la cocina. Y que cuando eso suceda veremos a Chávez vestido de piti-yanqui y cantando el “O say can you see…”. Colombia es nuestro segundo socio comercial, y es además nuestro vecino, lo cual supone que la gente de ambas nacionalidades tiene relaciones comerciales, sociales y hasta familiares. Para más, de Colombia viene buena parte de la comida que se consume en Venezuela, y la sustitución de exportador no es algo que se hace de la noche a la mañana, y menos si hablamos de distancias largas como las que nos separan de otros países productores, que generarían aumentos importantes en los costos de esos productos para que lleguen a las mesas de los consumidores finales. Para decirlo en lenguaje coloquial, importarle a los que están lejos puede desatar una espiral inflacionaria de incalculables proporciones, amén de un desabastecimiento colosal mientras se arman nuevas plataformas de negocios. Todo eso lo saben Uribe y los colombianos, y por eso no se espelucan ante los gritos destemplados de Chávez.

Los compadres
Pero – y aquí viene el pero - las represalias entre vecinos siempre afectan la vida cotidiana de las gentes de a pie, que son las que sufren el primer impacto. Y las relaciones de siempre, las del saludito entre compadres, de la noche a la mañana se pueden tornar en “relaciones peligrosas” y las reacciones pueden ser detonadas por un “quítame esa pajita”. La historia de nuestras tierras está repleta de episodios de guerras entre “compadres”.
Lo de Chávez no es tan sólo patéticamente irreflexivo. Es histéricamente irresponsable.

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